Quiero dejar de tratar de convertirme en y ser, sea lo que eso sea; deshacerme de mí, romper mis corazas y crearme una vez más.
No sé cuanto soy yo y cuanto es ajeno, la barrera que nos separa es difusa y antes de que una fusión me destruya tengo que morir y renacer como tantas veces he hecho.
Las cenizas de mi resurgimiento, como las de todos, están cargadas de sabiduría.
Aprender, procesar, digerir;
cambiar y cambiar en un mismo envoltorio llamado cuerpo.
Ésta es la muerte a la que tantos temen, la interna, la introspectiva.
Es cierto que un espejo ayuda a enfrentarse a sí mismo, pero no refleja lo invaluable de lo inmaterial.
¿Podés descifrar lo que estás tratando de ser?
Solo te falta algo verdadero, no necesitas creer ni en lo que yo digo.
Me he zambullido fuera y dentro de este espacio quizá por demasiado tiempo y ahora me destripas, construyes un altar con mis órganos y allí, como sumo sacerdote, predices mi futuro. Te conozco, no tu nombre pero tu juego, conozco tu realidad y descifraste la mía, impulso bipolar, demencia racional, lo más real que logré es esta irrealidad. Destruíme una vez más.
"Los hombres de más amplio intelecto saben que no existe una verdadera distinción entre lo real y lo irreal; que todas las cosas aparecen tal como son tan sólo en virtud de los frágiles sentidos físicos y mentales mediante los que las percibimos; pero el prosaico materialismo de la mayoría tacha de locuras a los destellos de clarividencia que traspasan el vulgar velo del empirismo chabacano."